V. I. Lenin, 2 de octubre de 1920
Lectura No. 2. Sugerimos como primera lectura un escrito de Mao Tse-tung donde hacía un llamado a los camaradas del Partido Comunista Chino a que modificaran su manera de estudiar la realidad. Ahora presentamos como segunda lectura un escrito de Lenin, donde el líder revolucionario le habla a los jóvenes comunistas acerca de cómo deben enfrentar su trabajo dede la perspectiva del comunismo. La invitación es a entretejer los hilos conductores de estas lecturas para ir construyendo la trama que constituirá nuestra pedagogía revolucionaria. Insisto, no será a partir de los trabajos de los pedagogos y de otros intelectuales al servico de la burguesía que elaboraremos esa pedagogía.
Discurso en la I Sesión del III Congreso de Juventudes Comunistas de Rusia
Primera publicación: En Pravda, núms. 221, 222 y 223 del 5, 6 y 7 de octubre de 1920.
Fuente:V. I. Lenin, Tareas de la Juventudes Comunistas, Pekín [Beijing], República Popular China, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976.
Digitalizado para el MIA: Por Juan Rafael Fajardo, abril de 2000.
Versión Alternativa: Las Tareas de las Organizaciones Juveniles, traducción realizada por Editorial Progreso, Moscú.
(Lenin es recibido por una calurosa ovación del congreso.)
Camaradas: quisiera hablarles hoy de las tareas fundamentales de la Unión de Juventudes Comunistas y, con este motivo, de lo que deben ser las organizaciones de la juventud en una república socialista en general.
Este problema merece tanto más nuestra atención cuanto que, en cierto sentido, puede decirse que es precisamente a la juventud a quien incumbe la verdadera tarea de crear la sociedad comunista. Pues es evidente que la generación de militantes educada bajo el régimen capitalista puede, en el mejor de los casos, resolver la tarea de destruir los cimientos del viejo modo de vida del capitalismo, basado en la explotación. Lo más que podrá hacer será llevar a cabo las tareas de organizar un régimen social que ayude al proletariado y a las clases trabajadoras a conservar el Poder en sus manos y a crear una sólida base, sobre la que podrá edificar únicamente la generación que empieza a trabajar ya en condiciones nuevas, en una situación en la que no existen relaciones de explotación entre los hombres.
Pues bien, al abordar desde este punto de vista el problema de las tareas de la juventud, debo decir que las tareas de la juventud en general y de las Uniones de Juventudes Comunistas y otras organizaciones semejantes en particular, podrían definirse en una sola palabra: aprender.
Pero claro está que esto no es más que "una palabra", que no responde a los interrogantes principales, a los más importantes: ¿qué y cómo aprender? Y en este problema lo esencial es que, con la trasformación de la vieja sociedad capitalista, la enseñanza, la educación y la instrucción de las nuevas generaciones, destinadas a crear la sociedad comunista, no pueden seguir siendo lo que eran. Ahora bien, la enseñanza, la educación y la instrucción de la juventud deben partir de los materiales que nos ha legado la antigua sociedad. No podemos edificar el comunismo si no es a partir de la suma de conocimientos, organizaciones e instituciones, con el acervo de medios y fuerzas humanas que hemos heredado de la vieja sociedad. Sólo trasformando radicalmente la enseñanza, la organización y la educación de la juventud, conseguiremos que el resultado de los esfuerzos de la joven generación sea la creación de una sociedad que no se parezca a la antigua, es decir, de la sociedad comunista. Por ello debemos examinar en detalle qué debemos enseñar a la juventud y cómo debe aprender ésta si quiere merecer realmente el nombre de juventud comunista, cómo hay que prepararla para que sepa terminar y coronar la obra que nosotros hemos comenzado.
Debo decir que la primera respuesta y la más natural parece ser que la Unión de Juventudes, y en general toda la juventud que quiera el advenimiento del comunismo, tiene que aprender el comunismo.
Pero esta respuesta, "'aprender el comunismo", es demasiado general. ¿Qué hay que hacer para aprender el comunismo? De entre la suma de conocimientos generales, ¿qué es lo que hay que escoger para adquirir la ciencia del comunismo? Aquí nos amenazan una serie de peligros, que surgen por doquier en cuanto se plantea mal la tarea de aprender el comunismo o cuando se entiende de una manera demasiado unilateral.
A primera vista, naturalmente, parece que aprender el comunismo es asimilar el conjunto de los conocimientos expuestos en los manuales, folletos y trabajos comunistas. Pero esta definición sería demasiado burda e insuficiente. Si el estudio del comunismo consistiera únicamente en saber lo que dicen los trabajos, libros y folletos comunistas, esto nos daría fácilmente exegetas o fanfarrones comunistas, lo que muchas veces nos causaría daño y perjuicio, porque estos hombres, después de haber leído mucho y aprendido lo que se expone en los libros y folletos comunistas, serían incapaces de coordinar todos estos conocimientos y de obrar como realmente exige el comunismo.
Uno de los mayores males y calamidades que nos ha dejado en herencia la antigua sociedad capitalista, es un completo divorcio entre el libro y la vida práctica, pues teníamos libros en los que todo estaba expuesto en forma perfecta, pero en la mayoría de los casos no eran sino una repugnante e hipócrita mentira, que nos pintaba un cuadro falso de la sociedad capitalista.
Por eso, sería una gran equivocación limitarse a aprender el comunismo simplemente de lo que dicen los libros. Nuestros discursos y artículos de ahora no son simple repetición de lo que antes se ha dicho sobre el comunismo, porque están ligados a nuestro trabajo cotidiano en todos los terrenos. Sin trabajo, sin lucha, el conocimiento libresco del comunismo, adquirido en folletos y obras comunistas, no tiene absolutamente ningún valor, porque no haría más que continuar el antiguo divorcio entre la teoría y la práctica, que era el más nocivo rasgo de la vieja sociedad burguesa.
El peligro sería mucho mayor todavía, si quisiéramos aprender solamente las consignas comunistas. Si no comprendiéramos a tiempo la importancia de este peligro, si no hiciéramos toda clase de esfuerzos por evitarlo, la existencia de medio millón o de un millón de jóvenes de ambos sexos, que después de semejante estudio del comunismo se llamasen comunistas, causaría un gran perjuicio a la causa del comunismo.
Se nos plantea, pues, la cuestión de cómo debemos coordinar todo esto para aprender el comunismo. ¿Qué debemos tomar de la vieja escuela, de la vieja ciencia? La vieja escuela declaraba que quería crear hombres instruidos en todos los dominios y que enseñaba las ciencias en general. Ya sabemos que esto era pura mentira, puesto que toda la sociedad se basaba y cimentaba en la división de los hombres en clases, en explotadores y explotados. Como es natural, toda la vieja escuela, saturada de espíritu de clase, no daba conocimientos más que a los hijos de la burguesía. Cada una de sus palabras estaba adaptada a los intereses de la burguesía. En estas escuelas, más que educar a los jóvenes obreros y campesinos, los preparaban para mayor provecho de esa misma burguesía. Se los educaba con el fin de formar servidores útiles, capaces de aumentar los beneficios de la burguesía, sin turbar su ociosidad y sosiego. Por eso, al condenar la antigua escuela, nos hemos propuesto tomar de ella únicamente lo que nos es necesario para lograr una verdadera educación comunista.
Y ahora voy a tratar de las censuras, de los reproches que se dirigen por lo común a la escuela antigua y que conducen muchas veces a interpretaciones enteramente falsas. Se dice que la vieja escuela era una escuela libresca, una escuela de adiestramiento autoritario, una escuela de enseñanza memorista. Esto es cierto, pero hay que saber distinguir en la vieja escuela, lo malo de lo útil para nosotros, hay que saber escoger lo necesario para el comunismo.
La vieja escuela era libresca, obligaba a almacenar una masa de conocimientos inútiles, superfluos, muertos, que atiborraban la cabeza y trasformaban a la generación joven en un ejército de funcionarios cortados todos por el mismo patrón. Pero concluir de ello que se puede ser comunista sin haber asimilado los conocimientos acumulados por la humanidad, sería cometer un enorme error. Nos equivocaríamos si pensáramos que basta con saber las consignas comunistas, las conclusiones de la ciencia comunista, sin haber asimilado la suma de conocimientos de los que es consecuencia el comunismo. El marxismo es un ejemplo de cómo el comunismo ha resultado de la suma de conocimientos adquiridos por la humanidad.
Ya habrán ustedes leído y oído que la teoría comunista, la ciencia comunista, creada principalmente por Marx, que esta doctrina del marxismo ha dejado de ser obra de un solo socialista, genial del siglo XIX, para trasformarse en la doctrina de millones y decenas de millones de proletarios del mundo entero, que se inspiran en ella en su lucha contra el capitalismo. Y si preguntan ustedes por qué ha podido esta doctrina de Marx conquistar millones y decenas de millones oc corazones en la clase más revolucionaria, se les dará una sola respuesta: porque Marx se apoyaba en la sólida base de los conocimientos humanos adquiridos bajo el capitalismo. Al estudiar las leyes del desarrollo de la sociedad humana, Marx comprendió el carácter inevitable del desarrollo del capitalismo, que conduce al comunismo, y - esto es lo esencial - lo demostró basándose exclusivamente en el estudio más exacto, detallado y profundo de dicha sociedad capitalista, asimilando plenamente todo lo que la ciencia había dado hasta entonces. Todo lo que había creado la sociedad humana, lo analizó Marx en un espíritu crítico, sin desdeñar un solo punto. Todo~ lo que había creado el pensamiento humano, lo analizó, lo sometió a la crítica, lo comprobó en el movimiento obrero; formuló luego las conclusiones que los hombres, encerrados en los límites estrechos del marco burgués o encadenados por los prejuicios burgueses, no podían extraer.
Esto hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos, por ejemplo, de la cultura proletaria. Si no nos damos perfecta cuenta de que sólo se puede crear esta cultura proletaria conociendo exactamente la cultura que ha creado la humanidad en todo su desarrollo y trasformándola, si no nos damos cuenta de esto, jamás podremos resolver este problema. La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. La cultura proletaria tiene que ser desarrollo lógico del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad de los terratenientes y los burócratas. Estos son los caminos y los senderos que han conducido y continúan conduciendo hacia la cultura proletaria, del mismo modo que la economía política, trasformada por Marx, nos ha mostrado adónde tiene que llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de clases, al comienzo de la revolución proletaria.
Cuando con frecuencia oímos, tanto a algunos jóvenes como a ciertos defensores de los nuevos métodos de enseñanza, atacar la vieja escuela diciendo que sólo hacía aprender de memoria los textos, les respondemos que, sin embargo, es preciso tomar de esta vieja escuela todo lo que tenía de bueno. No hay que imitarla sobrecargando la memoria de los jóvenes con un peso desmesurado de conocimientos, inútiles en sus nueve décimas partes y desvirtuados el resto; pero de aquí no se sigue en modo alguno que podamos contentarnos con conclusiones comunistas y limitarnos a aprender de memoria consignas comunistas. De este modo no llegaríamos jamás al comunismo. Para llegar a ser comunistas, hay que enriquecer indefectiblemente la memoria con los conocimientos de todas las riquezas creadas por la humanidad.
No queremos una enseñanza mecánica, pero necesitamos desarrollar y perfeccionar la memoria de cada estudiante dándole hechos esenciales, porque el comunismo sería una vaciedad, quedaría reducido a una fachada vacía, el comunista no sería más que un fanfarrón, si no comprendiese y asimilase todos los conocimientos adquiridos. No sólo deben ustedes asimilarlos, sino asimilarlos en forma crítica, con el fin de no amontonar en el cerebro un fárrago inútil, sino de enriquecerlo con el conocimiento de todos los hechos, sin los cuales no es posible ser hombre culto en la época en que vivimos. El comunista que se vanagloriase de serlo, simplemente por haber recibido conclusiones ya establecidas, sin haber realizado un trabajo muy serio, difícil y grande, sin analizar los hechos frente a los que está obligado a adoptar tina actitud crítica, sería un comunista lamentable. Nada podría ser tan funesto como una actitud tan superficial. Si sé que sé poco, me esforzaré por saber más, pero si un hombre dice que es comunista y que no tiene necesidad de conocimientos sólidos, jamás saldrá de él nada que se parezca a un comunista.
La vieja escuela forjaba los servidores necesarios para los capitalistas; de los hombres de ciencia hacía personas obligadas a escribir y hablar al gusto de los capitalistas. Eso quiere decir que debemos suprimirla. Pero si debemos suprimirla, destruirla, ¿quiere esto decir que no debemos tomar de ella todas las cosas necesarias que ha acumulado la humanidad? ¿Quiere decir que no debemos saber distinguir entre lo que necesitaba el capitalismo y lo que necesita el comunismo?
En lugar del adiestramiento impuesto por la sociedad burguesa contra la voluntad de la mayoría, nosotros colocamos la disciplina consciente de los obreros y campesinos, que, a su odio contra la vieja sociedad, unen la decisión, la capacidad y el deseo de unificar y organizar sus fuerzas para esta lucha, con el fin de crear, con millones y decenas de millones de voluntades aisladas, divididas, dispersas en la inmensa extensión de nuestro país, una voluntad única, porque sin ella seremos inevitablemente vencidos. Sin esta cohesión, sin esta disciplina consciente de los obreros y de los campesinos, nuestra causa es una causa perdida. Sin ellas seremos incapaces de derrotar a los capitalistas y terratenientes del mundo entero. No, sólo no llegaríamos a construir la nueva sociedad comunista, sino ni siquiera a asentar sólidamente sus cimientos. Así, a pesar de condenar la vieja escuela, a pesar de alimentar contra ella un odio absolutamente legítimo y necesario, a pesar de apreciar el deseo de destruirla, debemos comprender que hay que sustituir la antigua escuela libresca, la enseñanza memorista y el anterior adiestramiento autoritario, por el arte de asimilar toda la suma de los conocimientos humanos, y de asimilarlos de modo que el comunismo sea para ustedes, no algo aprendido de memoria, sino algo pensado por ustedes mismos, y cuyas conclusiones se impongan desde el punto de vista de la educación moderna.
Así es como hay que plantear las tareas fundamentales, cuando se habla de aprender el comunismo.
Para explicarles esto y a la vez aprender los problemas del método, tomaré un ejemplo práctico. Todos saben que ahora, inmediatamente después de los problemas militares, después de las tareas de la defensa de la República, surge ante nosotros el problema económico. Sabemos que es imposible edificar la sociedad comunista sin restaurar la industria y la agricultura, pero que no se trata de restablecerlas en su forma antigua. Hay que restaurarías conforme con la última palabra de la ciencia, sobre una base moderna. Ustedes saben que esta base es la electricidad; que sólo el día en que todo el país, todas las ramas de la industria y de la agricultura estén electrificadas, el día en que realicen esta tarea, sólo entonces, podrán edificar, para ustedes, la sociedad comunista que no podrá edificar la generación anterior. La tarea que les corresponde es restablecer la economía de todo el país, reorganizar y restaurar la agricultura y la industria sobre una base técnica moderna, fundada en la moderna ciencia y técnica, en la electricidad. Ya comprenderán que la electrificación no puede ser obra de ignorantes, y que en esto harán falta algo más que nociones rudimentarias. No basta con comprender lo que es la electricidad; hay que saber cómo aplicarla técnicamente a la industria y a la agricultura y a cada una de sus ramas. Todo esto tenemos que aprenderlo nosotros mismos, y hay que enseñárselo a toda la nueva generación trabajadora. Esto es lo que debe hacer todo comunista consciente, todo joven que se estime comunista y se dé clara cuenta de que, por el hecho de ingresar en la Unión de Juventudes Comunistas, se ha comprometido a ayudar a nuestro partido a construir el comunismo y a ayudar a toda la joven generación a crear la sociedad comunista. Debe comprender que esto sólo será posible sobre la base de la instrucción moderna, y que si no posee esta instrucción, el comunismo será un simple anhelo.
El papel de la generación precedente consistía tan sólo en derribar a la burguesía. Criticar a la burguesía, desarrollar en las masas el sentimiento de odio contra ella, desarrollar la conciencia de clase, saber agrupar sus fuerzas, eran entonces las tareas esenciales. La nueva generación tiene ante sí una tarea más compleja. El deber de ustedes no es sólo el de reunir sus fuerzas para apoyar el poder de los obreros y campesinos contra la invasión de los capitalistas. Esto lo tienen que hacer. Lo han comprendido admirablemente, lo ve con claridad todo comunista. Pero no hasta con esto. Ustedes tienen que edificar la sociedad comunista. La primera parte del trabajo ha sido ya realizada en muchos terrenos. El antiguo régimen fue destruido como era preciso hacerlo; ya no es más que un montón de ruinas, que es a lo que debía quedar reducido. El terreno se encuentra ya desbrozado y, sobre este terreno, la nueva generación comunista debe ahora edificar la sociedad comunista. La tarea de ustedes es la edificación, y sólo podrán resolverla cuando hayan dominado toda la ciencia moderna, cuando sepan transformar el comunismo, de fórmulas hechas y aprendidas de memoria, consejos, recetas, directivas y programas, en esa realidad viva que otorga toda su unidad al trabajo inmediato; cuando sepan hacer del comunismo la guía de todo el trabajo práctico.
Esta es la tarea que no deben perder de vista cuando quieran instruir, educar y arrastrar a toda la joven generación. Tienen que ser los primeros constructores de la sociedad comunista, entre los millones de constructores que deben ser los jóvenes de ambos sexos. Si no incorporan a esta edificación del comunismo a toda la masa de la juventud obrera y campesina, no construirán la sociedad comunista.
Y llego ahora, naturalmente, a la cuestión de cómo debemos enseñar el comunismo y cuál debe ser el carácter peculiar de nuestros métodos.
Me detendré ante todo en el problema de la moral comunista.
Tienen ustedes que educarse como comunistas. La tarea de la Unión de Juventudes consiste en organizar su actividad práctica de modo que al estudiar, organizarse, unirse y luchar, dicha juventud haga su educación de comunistas y la de todos los que la reconocen como su guía. Toda la educación, toda la enseñanza y toda la formación de la juventud contemporánea deben darle el espíritu de la moral comunista.
¿Pero existe una moral comunista? ¿Existe una ática comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos nuestra moral propia, y la burguesía nos acusa con frecuencia, a nosotros, comunistas, diciendo que negamos toda moral. Es una forma como cualquier otra de embrollar las ideas y de arrojar tierra a los ojos de los obreros y de los campesinos.
¿En qué sentido negamos la moral y la ética?
La negamos en el sentido en que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de los mandamientos de Dios. Claro está que nosotros decimos que no creemos en Dios, y sabemos muy bien que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores. O bien, en lugar de tomar como punto de partida de la moral los dictados de la ática, los mandamientos de Dios, partían de frases idealistas o semi-idealistas que, en definitiva, se parecían extraordinariamente a los mandamientos de Dios.
Nosotros negamos toda esta moralidad tomada de concepciones al margen de la naturaleza humana, al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y campesinos y nublar sus cerebros, en provecho de los terratenientes y capitalistas.
Decimos que nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ática tiene por punto de partida tos intereses de la lucha de clases del proletariado.
La antigua sociedad estaba fundada en la opresión de todos los obreros y de todos los campesinos por los terratenientes y capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a estos opresores, pero para ello debíamos crear la unidad. No era Dios quien podía crearla.
Esta unión no podía venir más que de las fábricas, de un proletariado disciplinado, arrancado de su viejo letargo. Solamente cuando se constituyó esta clase, comenzó el movimiento de las masas que condujo a lo que vemos hoy: al triunfo de la revolución proletaria en uno de los países más débiles, que se está defendiendo desde hace tres años contra el embate de la burguesía de todo el mundo. Vemos crecer en todo el mudno la revolución proletaria. Ahora decimos, fundándonos en la experiencia, que únicamente el proletariado ha podido crear una fuerza tan coherente; a la que sigue la clase campesina dispersa y fragmentada y que ha sido capaz de resistir todas las acometidas de los explotadores. Sólo esta clase puede ayudar a las masas trabajadoras a unirse, a agruparse, a hacer triunfar y consolidar definitivamente, a coronar, en definitiva, la construcción de la sociedad comunista.
Por eso, decimos que, para nosotros, la moral considerada fuera de la sociedad humana no existe; es un engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado.
Ahora bien, ¿en qué consiste esta lucha de clases? En derribar al zar, en derribar a los capitalistas, en aniquilar a la clase capitalista.
¿Qué son las clases en general? Es lo que permite a una parte de la sociedad apropiarse del trabajo de otra. Si una parte de la sociedad se apropia de todo el suelo, tenemos la clase de los terratenientes y la de los campesinos. Si una parte de la sociedad posee las fábricas, las acciones y los capitales, mientras que la otra trabaja en esas fábricas, tenemos la clase de los capitalistas y la de los proletarios.
No fue difícil desembarazarse del zar: bastaron algunos días. No fue muy difícil echar a los terratenientes: pudimos hacerlo en algunos meses. Tampoco fue muy difícil echar a los capitalistas. Pero suprimir las clases es infinitamente más difícil; subsiste aún la división en obreros y campesinos. En cuanto un campesino instalado en una parcela de tierra se apropia el trigo sobrante, es decir, trigo que no es indispensable para él ni para su ganado, mientras los demás carecen de pan, se convierte ya en un explotador. Cuanto más trigo retiene, más gana, y nada le importa que 105 demás tengan hambre: "Cuanto más hambre tengan, más caro venderá el trigo". Es preciso que todos trabajen con un plan común, en un suelo común, en fábricas comunes y conforme con normas comunes. ¿Es esto fácil de realizar? Ya ven ustedes mismos que es más difícil solucionar esto que echar al zar, a los terratenientes y a los capitalistas. Para eso es preciso que el proletariado trasforme, reeduque a una parte de los campesinos, y atraiga a su lado a los campesinos trabajadores, con el fin de quebrar la resistencia de los campesinos ricos, que lucran con la miseria de los demás. Resulta, pues, que la lucha del proletariado está lejos de haber terminado después de haber derribado al zar y expulsado a los terratenientes y a los capitalistas; justamente el llevarla a término es el objetivo del régimen al que llamamos dictadura del proletariado.
La lucha de clases continúa, sólo ha cambiado de forma. Es la lucha de clases del proletariado que tiene por objeto impedir el regreso de los antiguos explotadores y unir en un todo a la dispersa e ignorante masa campesina. La lucha de clases continúa y es nuestro deber subordinarle todos los intereses. Por eso le subordinamos nuestra moral comunista. Decimos: es moral lo que sirve para destruir la antigua sociedad explotadora y para agrupar a todos los trabajadores alrededor del proletariado, creador de la nueva sociedad comunista.
La moral comunista es la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda pequeña propiedad, porque la pequeña propiedad entrega a un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad. La tierra es considerada entre nosotros como propiedad común.
¿Qué ocurre si de esta propiedad común tomo una parte, si cultivo en ella dos veces más trigo del que necesito, si especulo con el sobrante de la cosecha, si calculo que cuanto más hambre padezcan otros, más caro me pagarán? ¿Obro entonces como un comunista? No, obro como explotador, como propietario. Contra esto necesitamos luchar. Si las cosas continuasen así, volveríamos al pasado, a caer bajo el poder de los capitalistas y de la burguesía, como ha ocurrido más de una vez en las revoluciones anteriores. Para evitar que se restaure el poder de los capitalistas y de la burguesía, debemos prohibir cl mercantilismo, debemos impedir que unos individuos se enriquezcan a costa de los demás. Para esto es necesario que todos los trabajadores se sumen al proletariado e instauren la sociedad comunista. En esto consiste precisamente la característica esencial de la tarea más importante de la Unión de las Juventudes Comunistas y de las organizaciones de las juventudes comunistas. La antigua sociedad se basaba en el siguiente principio: saqueas a tu prójimo o te saquea él; trabajas para otro, u otro trabaja para ti; eres esclavista o esclavo. Es natural que los hombres educados en semejante sociedad asimilen, por así decirlo, con la leche materna, la psicología, la costumbre, la idea de que no hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se ocupan exclusivamente de lo suyo sin pensar en los demás.
Si yo exploto mi parcela de tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor: venderá más caro mi trigo. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de maestro o de empleado, ¿qué me importan los demás? Si me arrastro ante los poderosos, es posible que conserve mi puesto y a lo mejor pueda hacer carrera y llegar a ser burgués. Esta psicología, esta mentalidad no pueden existir en un comunista. Cuando los obreros y campesinos demostraron que somos capaces con nuestras propias fuerzas de defendernos y de crear una nueva sociedad, en ese mismo momento nació la nueva educación comunista, educación creada en la lucha contra los explotadores y en alianza con el proletariado, contra los egoístas y los pequeños propietarios, contra ese estado de espíritu y esas costumbres que dicen: "Yo busco mi propio beneficio y lo demás no me interesa".
He aquí la respuesta a la pregunta de cómo se debe enseñar el comunismo a la joven generación.
Sólo ligando cada paso de su instrucción, de su educación y de su formación a la lucha incesante de los proletarios y de los trabajadores contra la antigua sociedad de los explotadores, puede esta generación aprender el comunismo. Cuando se nos habla de moral, decimos: para un comunista, toda la moral reside en esta disciplina solidaria y unida y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores. No creemos en la moral eterna, denunciamos la mentira de todas las leyendas forjadas en torno de la moral. La moral sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación del trabajo.
Para alcanzar este fin necesitamos de la joven generación que comenzó a convertirse en hombres conscientes en las condiciones de lucha disciplinada y encarnizada contra la burguesía. En esta lucha, la juventud formará verdaderos comunistas; a esta lucha debe ligar y subordinar, en todo momento, su instrucción, educación y formación. La educación de la juventud comunista no debe consistir en ofrecerle discursos dulzones de toda clase y reglas de moralidad. No, no es ésta la educación. Cuando un hombre ha visto a sus padres vivir bajo el yugo de los terratenientes y de los capitalistas, cuando ha participado él mismo en los sufrimientos de los que iniciaron la lucha contra los explotadores, cuando ha visto los sacrificios que cuesta la continuación de esta lucha y la defensa de lo conquistado y cuán furiosos enemigos son los terratenientes y los capitalistas, ese hombre, en ese ambiente, se educa como comunista. La base de la moral comunista está en la lucha por consolidar y llevar a su término el comunismo. Igual base tienen la educación, formación y enseñanza comunistas. Esta es la respuesta a la pregunta de cómo hay que aprender el comunismo.
No creeríamos en la enseñanza, en la educación ni en la formación, si éstas fuesen relegadas al fondo de las escuelas y separadas de las tormentas de la vida. Mientras los obreros y los campesinos están oprimidos por terratenientes y capitalistas, mientras las escuelas sigan en manos de los terratenientes y de los capitalistas, la joven generación seguirá ciega e ignorante. Nuestras escuelas deben dar a los jóvenes los fundamentos de la ciencia, deben ponerlos en condiciones de forjarse ellos mismos una mentalidad comunista, deben hacer de ellos hombres cultos. En el tiempo que pasan en la escuela, ésta tiene que hacer de ellos participantes en la lucha por la liberación del yugo de los explotadores. La Unión de Juventudes Comunistas tan sólo será digna de su título de unión de la joven generación comunista, cuando relacione toda su instrucción, su educación y formación con la parte que debe tomar en la lucha común de todos los trabajadores contra los explotadores. Porque saben ustedes perfectamente que mientras Rusia sea la única república obrera, y en tanto que en el resto del mundo subsista el antiguo régimen burgués, somos más débiles que ellos; que constantemente nos amenazan nuevos ataques, y que sólo aprendiendo a mantener entre nosotros la cohesión y la unidad, triunfaremos en las luchas futuras y, después de habernos fortalecido, nos haremos verdaderamente invencibles. Por lo tanto, ser comunista significa organizar y unir a to'ó!a la joven generación, dar ejemplo de educación y de disciplina en esta lucha.Entonces podrán ustedes emprender y llevar a cabo la edificación de la sociedad comunista.
He aquí un ejemplo que les hará entender mejor la cosa. Nosotros nos llamamos comunistas. ¿Qué significa la palabra comunista? "Comunista" viene de la palabra latina communis, que significa común. La sociedad comunista es la comunidad de todo: del suelo, de las fábricas, del trabajo. Esto es el comunismo.
¿Puede haber trabajo común silos hombres explotan cada uno su propia parcela? La comunidad del trabajo no se crea de repente. Es imposible. No cae del cielo. Hay que lograrla tras largos esfuerzos, tras largos sufrimientos, hay que crearla, y esto se crea en el curso de la lucha. No se trata aquí de un libro viejo, nadie hubiera creído en un libro. Se trata de la experiencia personal vivida. Cuando Kolchak y Denikin avanzaban contra nosotros, procedentes de Siberia y del sur, los campesinos estaban a su favor. El bolchevismo no les gustaba, porque los bolcheviques tomaban el trigo a los precios establecidos. Pero después de haber sufrido en Siberia y en Ucrania el poder de Kolchak y de Denikin, los campesinos reconocieron que no podían elegir más que entre dos caminos: o volver al capitalismo, que los convertiría de nuevo en esclavos de los terratenientes, o seguir a los obreros, que, por cierto, no prometen el oro y el moro y que exigen una disciplina de hierro y una firmeza indomable en la dura lucha, pero que los liberan de la esclavitud de los capitalistas y de los terratenientes. Cuando incluso los campesinos sumidos en la ignorancia lo comprendieron y sintieron por su propia experiencia, después de esta dura lección, se hicieron partidarios conscientes del comunismo. Esta misma experiencia es la que la Unión de Juventudes Comunistas debe tomar como base de toda su actividad.
He respondido ya a los puntos: qué debemos aprender y qué es lo que debemos tomar de la vieja escuela y de la antigua ciencia. Tratará también de contestar a la cuestión de cómo aprender esto: Sólo ligando indisolublemente y en todo momento la instrucción, la educación y la formación de la juventud a la lucha de todos los trabajadores contra los explotadores.
Con algunos ejemplos, extraídos de la experiencia del trabajo de ciertas organizaciones de la juventud, quisiera mostrarles ahora, con la máxima claridad, cómo debe hacerse la educación del comunismo. Todo el mundo habla de la liquidación del analfabetismo. Como saben, en un país de analfabetos es imposible construir una sociedad comunista. No basta con que el poder de los soviets dé una orden, o que el partido lance una consigna, o que determinado contingente de los mejores militantes se dedique a esta tarea. Es preciso que la joven generación ponga también manos a la obra. El comunismo consiste en que la juventud, los muchachos y muchachas pertenecientes a la Unión de Juventudes se digan: he aqui el trabajo que nosotros debemos realizar; nos agruparemos e iremos a todos los pueblos a liquidar el analfabetismo, para que la próxima generación no tenga analfabetos. Aspiramos a que toda la iniciativa de la juventud en formación se dedique a esta obra. Ustedes saben que es imposible trasformar rápidamente la Rusia ignorante e iletrada, en una Rusia instruida; pero si la Unión de Juventudes pone en ello su empeño, si toda la juventud trabaja para el bienestar de todos, los 400.000 jóvenes que la componen tendrán el derecho de llamarse Unión de Juventudes Comunistas. Otra de sus misiones es, después de haber asimilado uno u otro conocimiento, la de ayudar a los jóvenes que no han podido desembarazarse por sí mismos de las tinieblas de la ignorancia. Ser miembro de la Unión de Juventudes Comunistas es poner su trabajo y su inteligencia al servicio de la causa común. En esto consiste la educación comunista. Sólo por este trabajo se convierten un joven o una muchacha en verdaderos comunistas. Sólo si obtienen en esta labor resultados prácticos, llegar~n a ser comunistas.
Tomen, por ejemplo, él trabajo en las huertas suburbanas. ¿No es ésta una obra de primerísima importancia? Esta es una de las tareas de la Unión de Juventudes Comunistas. El pueblo pasa hambre, en fábricas hay hambre. Para salvarnos del hambre es preciso desarrollar la horticultura, pero la agricultura se hace a la antigua. Y ahora, es preciso que los elementos más conscientes pongan manos a la obra y verán ustedes entonces crecer el número de huertas, aumentar su superficie, mejorar el rendimiento. En este trabajo debe participar activamente la Unión de Juventudes Comunistas. Cada una de sus organizaciones o células debe ver en esto su deber inmediato.
La Unión de Juventudes Comunistas debe ser el grupo de choque que en todos los terrenos aporte su ayuda y manifieste su iniciativa, su espíritu emprendedor. La Unión debe ser tal, que todos los obreros vean en sus miembros gente cuya doctrina les sea tal vez incomprensible, en cuyas ideas no crean tal vez inmediatamente, pero cuyo trabajo real y cuya actividad muestren que son ellos los que indican el verdadero camino.
Si la Unión de Juventudes Comunistas no sabe organizar así su labor en todos los terrenos, es que se desvía hacia el antiguo camino burgués. Necesitamos ligar nuestra educación a la lucha de los trabajadores contra los explotadores, con el fin de ayudar a los primeros a resolver los problemas derivados de la doctrina comunista.
Los miembros de las Juventudes Comunistas deben consagrar todas sus horas de ocio a mejorar el cultivo en las huertas, a organizar en una fábrica cualquiera la instrucción de la juventud, etc. De nuestra Rusia pobre y miserable queremos hacer un país rico. Y es preciso que la Unión de Juventudes Comunistas una su formación, su instrucción y su educación a la labor de los obreros y de los campesinos y que no se encierre en sus escuelas ni se limite a leer los libros y folletos comunistas. Sólo trabajando con los obreros y los campesinos, se puede llegar a ser un verdadero comunista. Es preciso que todos vean que cualquiera de los miembros de las Juventudes Comunistas es instruido, y que al mismo tiempo sabe trabajar. Cuando todos vean que hemos eliminado de la antigua escuela la vieja férula, que la hemos reemplazado por una disciplina consciente, que todos nuestros jóvenes participan en los "sábados comunistas", que utilizan los huertos suburbanos para ayudar a la población, empezarán a considerar el trabajo de un modo distinto a como lo consideraban antes.
Los miembros de las Juventudes Comunistas deben, en su pueblo y en su barrio, aportar su contribución, por ejemplo - un pequeño ejemplo - al mantenimiento de la limpieza o a la distribución de víveres. ¿Cómo se hacían las cosas en la vieja sociedad capitalista? Cada uno trabajaba sólo para sí, nadie se ocupaba de si había ancianos o enfermos, o si todos los quehaceres de la casa recaían sobre una mujer, que por ello estaba esclavizada y aplastada. ¿Quién tiene el deber de luchar contra todo esto? La Unión de Juventudes Comunistas, que debe decir: nosotros trasformaremos esto, organizaremos destacamentos de jóvenes que ayudarán en los trabajos de limpieza, en la distribución de víveres, recorriendo sistemáticamente las casas, que trabajarán en forma organizada para el bien de toda La sociedad, repartiendo con acierto las fuerzas y demostrando que el buen trabajo es el trabajo organizado.
La generación que tiene ahora alrededor de so años, no puede pensar en ver la sociedad comunista. Habrá muerto antes. Pero la generación que tiene hoy 15 años, verá la sociedad comunista y será ella la que la construya. Y debe saber que la construcción de esta sociedad es la misión de su vida. En la antigua sociedad, el trabajo se hacía por familias aisladas y nadie lo coordinaba, como no fuesen los terratenientes y los capitalistas, opresores de la masa del pueblo. Nosotros debemos organizar todos los trabajos por sucios o duros que sean, de suerte que cada obrero, cada campesino se digan: yo soy una parte del gran ejército del trabajo libre y sabré, sin terratenientes y sin capitalistas, organizar mi vida, sabré instaurar el régimen comunista. Es preciso que la Unión de Juventudes Comunistas eduque a todos desde la edad temprana en el trabajo consciente y disciplinado. Sólo entonces podremos esperar que los objetivos que nos proponemos sean alcanzados. Debemos tener en cuenta que hacen falta por lo menos diez años para electrificar el país, para que nuestra tierra arruinada pueda aprovechar las últimas conquistas de la técnica. Pues bien, la generación que tiene hoy 15 años y que de aquí a diez o veinte vivirá en una sociedad comunista, debe organizar su educación de manera que cada día, en cada pueblo o ciudad, la juventud resuelva prácticamente una tarea de trabajo colectivo, por minúsculo, por simple que sea. A medida que esto se realice en cada uno de los pueblos, a medida que se desarrolle la emulación comunista, a medida que la juventud muestre que sabe unir sus esfuerzos, quedará asegurado el éxito de la edificación comunista. Sólo considerando cada uno de sus actos desde el punto de vista de este éxito, sólo preguntándose constantemente si lo hemos hecho todo para llegar a ser trabajadores unidos y conscientes, sólo a través de este largo proceso agrupará la Unión de Juventudes Comunistas el medio millón de sus miembros en un gran ejército de trabajo y merecerá el respeto general. (Vivos aplausos.)
viernes, agosto 21, 2009
jueves, agosto 20, 2009
Reformemos Nuestro Estudio(*)
Mao Tse-tung, Mayo de 1941
Obras Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS, PEKIN 1972
Primera edición 1968 (2a impresión 1972)
Tomo III, págs. 13-21.
Lectura No. 1. La pedagogía revolucionaria se nutre del trabajo teórico y práctico de los revolucionarios. Los libros de pedagogía, de educación en general, que predominan en nuestras escuelas de educación y programas de formación de maestros y profesores son escritos desde la perspectiva de la burguesía, con el único objetivo de contribuir a la perpetuación del sistema capitalista. Es necesario que elaboremos materiales alternativos que sirvan para formar docentes revolucionarios. Para comenzar propongo una serie de lecturas que nos serviran para nuestros círculos de estudio y discusión. Estas lecturas, junto al trabajo práctico en la escuela o fuera de ella, nos guiaran en la construcción de la pedagogía revolucionaria que necesitamos para transformar la sociedad actual, para construir el socialismo e inciar el camino hacia la nueva educación.
Conservamos entre corchetes la numeración de las páginas de la edición impresa.
Julio Mosquera
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(*) Informe presentado por el camarada Mao Tse-tung en una reunión de cuadros celebrada en Yenán. Este informe y los trabajos "Rectifiquemos el estilo de trabajo en el Partido" y "Contra el estilo de cliché del Partido", son las obras fundamentales del camarada Mao Tse-tung sobre la campaña de rectificación. En ellas, el camarada Mao Tse-tung resumió desde el punto de vista ideológico las divergencias habidas hasta entonces sobre la línea del Partido e hizo un análisis de la ideología y el estilo de trabajo pequeñoburgueses que, bajo la máscara de marxismo-leninismo; se habían difundido ampliamente en el Partido y que se manifestaban principalmente en [cont. en pág. 14. -- DJR] las tendencias subjetivista y sectaria y en su forma de expresión, el estilo de cliché del Partido. El camarada Mao Tse-tung llamó a desplegar en todo el Partido un movimiento de educación marxista-leninista, en otras palabras, una campaña por la rectificación del estilo de trabajo sobre la base de los principios ideológicos del marxismo-leninismo. Este llamamiento del camarada Mao Tse-tung suscitó rápidamente, dentro y fuera de la organización, una gran polémica entre la ideología proletaria y la pequeñoburguesa, lo que consolidó las posiciones de la primera en el Partido y fuera de él, elevó considerablemente cl nivel ideológico de la gran masa de cuadros y permitió al Partido alcanzar una cohesión sin precedentes.
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Considero que es preciso reformar el método y el sistema de estudio en todo nuestro Partido, y lo es por las razones siguientes:
I
Los veinte años de existencia del Partido Comunista de China han sido veinte años en que la verdad universal del marxismo-leninismo ha venido integrándose cada vez más con la práctica concreta de la revolución china. Si recordamos cuán superficial y pobre era nuestro conocimiento del marxismo-leninismo y de la revolución china durante la infancia de nuestro Partido, veremos que actualmente este conocimiento es mucho más profundo y rico. Durante los últimos cien años, los mejores hijos de la atormentada nación china han luchado y entregado sus vidas, ocupando el lugar de los que caían, en busca de la verdad que salvara a nuestro país y a nuestro pueblo. Esto es algo que conmueve hasta el canto y las lágrimas. Sin embargo, fue sólo después de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre en Rusia cuando encontramos el marxismo-leninismo, la gran verdad, la mejor arma para liberar a nuestra nación, y ha sido el Partido Comunista de China el iniciador, propagandista y organizador del
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empleo de esta arma. Una vez integrada la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china, cambió totalmente la fisonomía de nuestra revolución. Desde el estallido de la Guerra de Resistencia contra el Japón, nuestro Partido, basándose en la verdad universal del marxismo-leninismo, ha progresado en el estudio de la práctica concreta de esta Guerra, de la China y el mundo contemporáneos, y en cierta medida ha comenzado el estudio de la historia de China. Todos éstos son fenómenos muy positivos.
II
No obstante, todavía tenernos defectos, algunos de los cuales son muy graves. A mi modo de ver, si no los corregimos, no podremos impulsar nuestro trabajo, ni seguir avanzando en la gran empresa de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china.
Comencemos por hablar del estudio de la situación actual. Hemos logrado algunos éxitos en el estudio de la actual situación nacional e internacional, pero, para un partido político tan grande como el nuestro, el material que hemos reunido, relacionado con los aspectos político, militar, económico y cultural de la vida nacional e internacional, todavía es fragmentario y nuestra labor de investigación aún no es sistemática. Hablando en general, en los últimos veinte años no hemos realizado un trabajo sistemático y minucioso para reunir y estudiar los materiales relacionados con todos los aspectos enumerados, ni hemos creado un ambiente de entusiasmo por la investigación y el estudio de la realidad objetiva. Proceder como "un hombre que caza gorriones con los ojos cerrados" o como "un ciego que pretende coger peces a tientas", tratar las cosas superficialmente sin penetrar en sus detalles, entregarse a una verborrea jactanciosa y contentarse con
[pág. 15]
conocimientos pobres y mal asimilados: tal es el estilo de trabajo, extremadamente malo, que aún se observa entre muchos camaradas de nuestro Partido, un estilo totalmente opuesto al espíritu fundamental del marxismo-leninismo. Marx, Engels, Lenin y Stalin nos enseñan que es necesario estudiar a conciencia la situación, partiendo de la realidad objetiva y no de los deseos subjetivos. Pero muchos de nuestros camaradas actúan en forma diametralmente contraria a esta verdad.
Pasemos al problema del estudio de la historia. Un número reducido de miembros y simpatizantes del Partido se han ocupado de este trabajo, pero no lo han hecho en forma organizada. La historia de China en los últimos cien años, así corno su historia antigua, es algo que sigue en las tinieblas para gran número de militantes del Partido. Muchos eruditos en marxismo-leninismo, siempre que hablan, lo hacen sobre la Grecia antigua; pero en cuanto a sus propios antepasados, desgraciadamente, ya los han olvidado. No hay un ambiente de estudio serio ni del presente ni del pasado.
Finalmente, nos referiremos al estudio de las experiencias revolucionarias internacionales, al estudio de la verdad universal del marxismo-leninismo. Al parecer, muchos camaradas estudian la teoría marxista-leninista no para satisfacer las necesidades de la práctica revolucionaria, sino simplemente por estudiar. Por lo tanto, no pueden digerir lo que han leído. Sólo saben citar frases aisladas de Marx, Engels, Lenin y Stalin, pero son incapaces de adoptar su posición, puntos de vista y métodos para estudiar en forma concreta la situación actual y la historia de China, analizar concretamente y resolver los problemas de la revolución china. Tal actitud hacia el marxismo-leninismo es muy perniciosa y ocasiona un perjuicio particularmente grande a los cuadros de niveles medio y superior.
Los tres puntos que acabo de mencionar -- negligencia en el estudio de la situación actual, en el estudio de la historia y en la aplicación del marxismo-leninismo -- constituyen un pésimo estilo de trabajo, que, al extenderse, ha perjudicado a gran número de camaradas. En efecto, actualmente hay en nuestras filas muchos camaradas a los que tal estilo ha desviado del camino justo. Son reacios a realizar una investigación y un estudio sistemáticos y minuciosos de la situación concreta dentro y fuera del país, la provincia, el distrito y el territorio, y dan órdenes basándose exclusivamente en conocimientos pobres y mal asimilados y en aquello de "supongo que es así". ¿No existe
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aún entre muchos de nuestros camaradas este estilo subjetivista de trabajo?
Hay quienes no conocen en absoluto o conocen muy poco la historia de su país, pero no consideran esto una vergüenza, sino por el contrario, un orgullo. Y lo más grave es que muy pocos camaradas conocen realmente la historia de nuestro Partido y la historia de China en los últimos cien años desde la Guerra del Opio. Prácticamente nadie ha estudiado con seriedad la historia económica, política, militar y cultural de China en los últimos cien años. Algunos no tienen la menor idea de lo propio, y sólo saben historias de la Grecia antigua y de otros países, e incluso éstos son conocimientos muy pobres, recogidos al azar de la morralla de viejas obras extranjeras.
Durante los últimos decenios, muchos de los que han estudiado en el extranjero sufren de esta enfermedad. Al regresar de Europa, América o el Japón, sólo saben repetir lo que allí se han tragado entero. Actuando como gramófonos, han olvidado su deber de conocer y crear lo nuevo. Esta enfermedad ha contaminado también al Partido Comunista.
Estudiamos el marxismo, pero el método de estudio empleado por muchos de nosotros va directamente contra el marxismo. En otros términos, esas gentes violan un principio fundamental encarecido por Marx, Engels, Lenin y Stalin: la unidad de la teoría y la práctica. Al infringir este principio, han inventado uno opuesto: la separación de la teoría y la práctica. Tanto en las escuelas como en los cursos para cuadros en funciones, los profesores de filosofía no orientan a sus alumnos hacia el estudio de la lógica de la revolución china; los profesores de economía no los encaminan hacia el estudio de las particularidades de la economía de China; los profesores de ciencias políticas no los guían hacia el estudio de la táctica de la revolución china; los profesores de ciencias militares no los conducen hacia el estudio de la estrategia y la táctica adecuadas a las características de China, y así por el estilo. Como resultado de todo esto, los errores se propagan y causan no poco daño. Hay quienes no saben aplicar en Fusien[1] lo aprendido en Yenán. Cuando un profesor de economía es incapaz de explicar la relación entre el piempi y el fapi [2], es natural que sus alumnos tampoco puedan hacerlo. Esto ha engendrado en muchos estudiantes una mentalidad anormal: en lugar de interesarse por los problemas de China y conceder la debida importancia a las instrucciones del Partido, vuelcan su entusiasmo hacia los
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dogmas pretendidamente eternos e invariables, aprendidos de sus profesores.
Por supuesto, me he referido a los ejemplos más negativos que existen en nuestro Partido, sin que haya querido decir que ésta sea la situación general. Pero tales ejemplos existen realmente; además, son bastante numerosos y acarrean gran perjuicio. No debemos permanecer indiferentes ante ellos.
III
Para explicar aún más lo antes expuesto, quiero comparar dos actitudes opuestas.
La primera es la actitud subjetivista.
Los que tienen esta actitud no realizan un estudio sistemático y minucioso de las circunstancias que les rodean, trabajan movidos solamente por el entusiasmo subjetivo y no tienen más que una idea confusa de la actual fisonomía de China. Ellos rompen el hilo de la historia, sólo conocen la Grecia antigua e ignoran a su propio país, permaneciendo en la oscuridad más completa respecto a la China de ayer y de anteayer. Estudian la teoría marxista-leninista de manera abstracta, sin un objetivo determinado; no la estudian con el propósito de hallar en Marx, Engels, Lenin y Stalin la posición, puntos de vista y métodos para resolver los problemas teóricos y tácticos de la revolución china, sino con el único afán de estudiar la teoría en sí. En lugar de disparar la flecha teniendo un blanco, la disparan sin tenerlo. Marx, Engels, Lenin y Stalin nos enseñan que es necesario partir de la realidad objetiva y deducir de ella las leyes que han de guiar nuestras acciones. Para esto es preciso, como dice Marx, captar con todo detalle el material y someterlo a un análisis y una síntesis científicos[3]. Muchos de los nuestros actúan exactamente al revés. Unos se dedican a la labor de investigación, pero no manifiestan el menor interés por estudiar la China actual, ni la de ayer; todo su interés está concentrado en el estudio de "teorías" vacías, divorciadas de la realidad. Otros se entregan al trabajo práctico, pero tampoco prestan atención al estudio de la situación objetiva, con frecuencia actúan llevados solamente por el entusiasmo y substituyen la política del Partido por su propio parecer. Ambos tipos de personas parten de lo subjetivo y pasan
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por alto la realidad objetiva. Siempre que pronuncian un discurso, salen con una larga sarta de encabezamientos en el orden A, B, C, D, 1, 2, 3, 4, y cuando escriben un artículo, terminan produciendo un mamotreto lleno de cháchara jactanciosa. No les interesa buscar la verdad en los hechos, y lo único que desean es impresionar a la gente con su verborrea presuntuosa para ganársela. Son brillantes pero sin sustancia, frágiles e inconsistentes. Se consideran infalibles, creen ser la primera autoridad bajo el cielo y se pavonean por todas partes como si fueran "enviados imperiales". Tal es el estilo de trabajo de algunos camaradas en nuestras filas. Adoptar este estilo como norma de conducta es hacerse daño a sí mismo, adoptarlo para educar a los demás es causarles daño y adoptarlo para dirigir la revolución es perjudicarla. En resumen, este método subjetivista, anticientífico y contrario al marxismo-leninismo, es un peligroso enemigo del Partido Comunista, de la clase obrera, del pueblo y de la nación; es manifestación de un espíritu de partido impuro. Tenemos ante nosotros un enemigo peligroso, que debemos aplastar. Sólo cuando el subjetivismo sea aniquilado, prevalecerá la verdad del marxismo-leninismo, se fortalecerá el espíritu de partido y triunfará la revolución. Debemos indicar que la falta de una actitud científica, es decir, la falta de la actitud marxista-leninista que une la teoría con la práctica, significa que no existe espíritu de partido o que éste es incompleto.
Hay dos versos que retratan al tipo de personas que he mencionado. Dicen así:
Juncos en la pared: copa abundante, tallo débil, raíz superficial;
Retoños de bambú entre las rocas : lengua afilada , corteza
[gruesa , panza vacía.
Díganme si esto no les recuerda a esa gente que carece de una actitud científica, que sólo sabe aprenderse de memoria citas sueltas de las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin y que se hace pasar por sabia, pero en realidad no sabe nada. A quien de veras quiera curarse de tal enfermedad, yo le aconsejaría copiar estos versos y, si posee un poco más de valor, fijarlos en una de las paredes de su habitación. El marxismo-leninismo es una ciencia, y la ciencia es conocimiento que se adquiere sólo por medios honestos; aquí no valen astucias. ¡Seamos, pues, honestos!
La segunda actitud es la marxista-leninista.
Quien tiene esta actitud aplica la teoría y el método marxista-leninistas a la investigación y estudio sistemáticos y minuciosos de
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las circunstancias que le rodean. En vez de trabajar solamente movido por el entusiasmo, combina, como dice Stalin, el ímpetu revolucionario con el sentido práctico[4]. Quien tiene tal actitud no rompe el hilo de la historia; no se conforma con el conocimiento de la Grecia antigua, sino que aspira a conocer a China; desea saber no sólo la historia del movimiento revolucionario de los países extranjeros, sino también la historia de la revolución china; conocer no sólo la China de hoy, sino también la de ayer y la de anteayer. Quien tiene una actitud así estudia la teoría marxista-leninista persiguiendo un fin determinado: integrarla con el movimiento real de la revolución china y encontrar en el marxismo-leninismo la posición, puntos de vista y métodos para resolver los problemas teóricos y tácticos de la revolución china. Esta es la actitud de disparar la flecha teniendo un blanco. El "blanco" es la revolución china, y la "flecha", el marxismo-leninismo. Nosotros, los comunistas chinos, buscábamos esta "flecha" porque queríamos dar en el "blanco": la revolución de China y la revolución de Oriente. Tomar esta actitud significa buscar la verdad en los hechos. Por "hechos" entendemos todas las cosas que existen objetivamente; por "verdad", la ligazón interna de las cosas objetivas, es decir, las leyes que las rigen, y por "buscar", estudiar. Debemos partir de las condiciones reales de dentro y fuera del país, la provincia, el distrito o el territorio, y deducir de ellas, como guía para nuestra acción, las leyes inherentes a esas condiciones y no leyes imaginarias, es decir, encontrar la ligazón interna de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Y para esto debemos basarnos en los hechos, que existen objetivamente, y no en nuestras ideas subjetivas, ni en un entusiasmo momentáneo, ni en la letra muerta de los libros; debemos captar con todo detalle el material y, a la luz de los principios generales del marxismo-leninismo, extraer de él conclusiones correctas. Estas conclusiones ya no serán una enumeración de fenómenos según el orden A, B, C, D, ni artículos llenos de la misma cháchara jactanciosa, sino conclusiones científicas. Tal actitud significa tener el deseo de buscar la verdad en los hechos, y no tratar de impresionar a la gente con una verborrea presuntuosa para ganársela. Tal actitud es una manifestación del espíritu de partido, es el estilo de trabajo marxista-leninista que une la teoría con la práctica. Tener esta actitud es lo mínimo que se exige al comunista. Quienes poseen una actitud como ésta ya no serán de "copa abundante, tallo débil, raíz superficial", ni de "lengua afilada, corteza gruesa, panza vacía".
[pág. 20]
IV
De acuerdo con lo antes expuesto, propongo lo siguiente:
1. Plantear a todo el Partido la tarea de estudiar de modo sistemático y minucioso las circunstancias que nos rodean. Ateniéndonos a la teoría y el método marxista-leninistas, investigar y estudiar detalladamente las actividades de nuestros enemigos, de los amigos y de nosotros mismos en los terrenos económico, financiero, político, militar, cultural y en la esfera de los asuntos de partido, y sobre esta base, sacar las debidas y necesarias conclusiones. Con este fin, es preciso dirigir la atención de nuestros camaradas a la investigación y el estudio de estos asuntos prácticos. Hacerles comprender que la tarea fundamental de los organismos dirigentes del Partido Comunista consiste en dos cosas importantes: conocer la situación y saber aplicar las orientaciones políticas. Lo primero significa conocer el mundo, y lo segundo, transformarlo. Es menester que los camaradas comprendan que quien no ha investigado no tiene derecho a opinar, y que la cháchara jactanciosa, los disparates y la enumeración de fenómenos en el orden 1, 2, 3, 4 no sirven para nada. Tomemos, por ejemplo, el trabajo de propaganda. Si no sabemos cómo hacen la propaganda nuestros enemigos y nuestros amigos, ni cómo la hacemos nosotros, no podremos determinar de manera acertada nuestra política en este terreno. En el trabajo de cualquier sector es preciso, ante todo, conocer la situación, y sólo entonces puede encontrarse una solución justa. La aplicación de planes de investigación y estudio en todo el Partido es el eslabón fundamental para transformar su estilo de trabajo.
2. Reunir personas competentes para que estudien en equipo y con una adecuada división del trabajo la historia de China en los últimos cien años, y de esta manera, superar la falta de organización en este terreno. Comenzar por el estudio analítico de la historia económica, política, militar y cultural de China. Sólo después de esto, será posible pasar al estudio de síntesis.
3. Establecer, para la educación de los cuadros en funciones y para las escuelas de cuadros, la orientación de tomar como centro el estudio de los problemas prácticos de la revolución china y corno guía los principios fundamentales del marxismo-leninismo, y descartar el método de estudiar el marxismo-leninismo en forma estática y sin conexión con la vida. Adoptar el Compendio de Historia del Partido
[pág. 21]
Comunista (bolchevique) de la URSS como material principal para el estudio del marxismo-leninismo. Esta obra es la más alta síntesis y balance del movimiento comunista mundial de los últimos cien años, es un modelo de integración de la teoría con la práctica, hasta hoy el único acabado en todo el mundo. Viendo cómo Lenin y Stalin combinaron la verdad universal del marxismo con la práctica concreta de la revolución en la Unión Soviética y cómo sobre esta base desarrollaron el marxismo, sabremos cómo debemos trabajar en China.
Muchas veces nos hemos desviado del camino justo. Pero, los errores son con frecuencia precursores de lo correcto. Estoy seguro de que en las actuales circunstancias de la revolución china y de la revolución mundial, tan vivas y ricas, esta reforma de nuestro estudio dará sin duda buenos resultados.
NOTAS
[1] Distrito situado a unos setenta kilómetros al Sur de Yenán.
[2] Piempi, billetes emitidos por el Banco del Gobierno de la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia. Fapi, papel moneda puesto en circulación a partir de 1935 por los cuatro principales bancos del capital burocrático del Kuomintang, con el apoyo de los imperialistas anglo-norteamericanos. El camarada Mao Tse-tung se refiere aquí al problema surgido en ese entonces sobre la fluctuación del cambio entre el piempi y el fapi.
[3] Véase C. Marx, "Palabras finales a la segunda edición alemana del primer tomo de El Capital ". Allí Marx escribe:
"La investigación debe captar con todo detalle el material, analizar sus diversas formas de desarrollo y descubrir la ligazón interna de éstas. Sólo una vez cumplida esta tarea, se puede exponer adecuadamente el movimiento real."
[4] Véase J. V. Stalin, "Los fundamentos del leninismo", IX: "El estilo en el trabajo".
Obras Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS, PEKIN 1972
Primera edición 1968 (2a impresión 1972)
Tomo III, págs. 13-21.
Lectura No. 1. La pedagogía revolucionaria se nutre del trabajo teórico y práctico de los revolucionarios. Los libros de pedagogía, de educación en general, que predominan en nuestras escuelas de educación y programas de formación de maestros y profesores son escritos desde la perspectiva de la burguesía, con el único objetivo de contribuir a la perpetuación del sistema capitalista. Es necesario que elaboremos materiales alternativos que sirvan para formar docentes revolucionarios. Para comenzar propongo una serie de lecturas que nos serviran para nuestros círculos de estudio y discusión. Estas lecturas, junto al trabajo práctico en la escuela o fuera de ella, nos guiaran en la construcción de la pedagogía revolucionaria que necesitamos para transformar la sociedad actual, para construir el socialismo e inciar el camino hacia la nueva educación.
Conservamos entre corchetes la numeración de las páginas de la edición impresa.
Julio Mosquera
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(*) Informe presentado por el camarada Mao Tse-tung en una reunión de cuadros celebrada en Yenán. Este informe y los trabajos "Rectifiquemos el estilo de trabajo en el Partido" y "Contra el estilo de cliché del Partido", son las obras fundamentales del camarada Mao Tse-tung sobre la campaña de rectificación. En ellas, el camarada Mao Tse-tung resumió desde el punto de vista ideológico las divergencias habidas hasta entonces sobre la línea del Partido e hizo un análisis de la ideología y el estilo de trabajo pequeñoburgueses que, bajo la máscara de marxismo-leninismo; se habían difundido ampliamente en el Partido y que se manifestaban principalmente en [cont. en pág. 14. -- DJR] las tendencias subjetivista y sectaria y en su forma de expresión, el estilo de cliché del Partido. El camarada Mao Tse-tung llamó a desplegar en todo el Partido un movimiento de educación marxista-leninista, en otras palabras, una campaña por la rectificación del estilo de trabajo sobre la base de los principios ideológicos del marxismo-leninismo. Este llamamiento del camarada Mao Tse-tung suscitó rápidamente, dentro y fuera de la organización, una gran polémica entre la ideología proletaria y la pequeñoburguesa, lo que consolidó las posiciones de la primera en el Partido y fuera de él, elevó considerablemente cl nivel ideológico de la gran masa de cuadros y permitió al Partido alcanzar una cohesión sin precedentes.
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Considero que es preciso reformar el método y el sistema de estudio en todo nuestro Partido, y lo es por las razones siguientes:
I
Los veinte años de existencia del Partido Comunista de China han sido veinte años en que la verdad universal del marxismo-leninismo ha venido integrándose cada vez más con la práctica concreta de la revolución china. Si recordamos cuán superficial y pobre era nuestro conocimiento del marxismo-leninismo y de la revolución china durante la infancia de nuestro Partido, veremos que actualmente este conocimiento es mucho más profundo y rico. Durante los últimos cien años, los mejores hijos de la atormentada nación china han luchado y entregado sus vidas, ocupando el lugar de los que caían, en busca de la verdad que salvara a nuestro país y a nuestro pueblo. Esto es algo que conmueve hasta el canto y las lágrimas. Sin embargo, fue sólo después de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre en Rusia cuando encontramos el marxismo-leninismo, la gran verdad, la mejor arma para liberar a nuestra nación, y ha sido el Partido Comunista de China el iniciador, propagandista y organizador del
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empleo de esta arma. Una vez integrada la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china, cambió totalmente la fisonomía de nuestra revolución. Desde el estallido de la Guerra de Resistencia contra el Japón, nuestro Partido, basándose en la verdad universal del marxismo-leninismo, ha progresado en el estudio de la práctica concreta de esta Guerra, de la China y el mundo contemporáneos, y en cierta medida ha comenzado el estudio de la historia de China. Todos éstos son fenómenos muy positivos.
II
No obstante, todavía tenernos defectos, algunos de los cuales son muy graves. A mi modo de ver, si no los corregimos, no podremos impulsar nuestro trabajo, ni seguir avanzando en la gran empresa de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china.
Comencemos por hablar del estudio de la situación actual. Hemos logrado algunos éxitos en el estudio de la actual situación nacional e internacional, pero, para un partido político tan grande como el nuestro, el material que hemos reunido, relacionado con los aspectos político, militar, económico y cultural de la vida nacional e internacional, todavía es fragmentario y nuestra labor de investigación aún no es sistemática. Hablando en general, en los últimos veinte años no hemos realizado un trabajo sistemático y minucioso para reunir y estudiar los materiales relacionados con todos los aspectos enumerados, ni hemos creado un ambiente de entusiasmo por la investigación y el estudio de la realidad objetiva. Proceder como "un hombre que caza gorriones con los ojos cerrados" o como "un ciego que pretende coger peces a tientas", tratar las cosas superficialmente sin penetrar en sus detalles, entregarse a una verborrea jactanciosa y contentarse con
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conocimientos pobres y mal asimilados: tal es el estilo de trabajo, extremadamente malo, que aún se observa entre muchos camaradas de nuestro Partido, un estilo totalmente opuesto al espíritu fundamental del marxismo-leninismo. Marx, Engels, Lenin y Stalin nos enseñan que es necesario estudiar a conciencia la situación, partiendo de la realidad objetiva y no de los deseos subjetivos. Pero muchos de nuestros camaradas actúan en forma diametralmente contraria a esta verdad.
Pasemos al problema del estudio de la historia. Un número reducido de miembros y simpatizantes del Partido se han ocupado de este trabajo, pero no lo han hecho en forma organizada. La historia de China en los últimos cien años, así corno su historia antigua, es algo que sigue en las tinieblas para gran número de militantes del Partido. Muchos eruditos en marxismo-leninismo, siempre que hablan, lo hacen sobre la Grecia antigua; pero en cuanto a sus propios antepasados, desgraciadamente, ya los han olvidado. No hay un ambiente de estudio serio ni del presente ni del pasado.
Finalmente, nos referiremos al estudio de las experiencias revolucionarias internacionales, al estudio de la verdad universal del marxismo-leninismo. Al parecer, muchos camaradas estudian la teoría marxista-leninista no para satisfacer las necesidades de la práctica revolucionaria, sino simplemente por estudiar. Por lo tanto, no pueden digerir lo que han leído. Sólo saben citar frases aisladas de Marx, Engels, Lenin y Stalin, pero son incapaces de adoptar su posición, puntos de vista y métodos para estudiar en forma concreta la situación actual y la historia de China, analizar concretamente y resolver los problemas de la revolución china. Tal actitud hacia el marxismo-leninismo es muy perniciosa y ocasiona un perjuicio particularmente grande a los cuadros de niveles medio y superior.
Los tres puntos que acabo de mencionar -- negligencia en el estudio de la situación actual, en el estudio de la historia y en la aplicación del marxismo-leninismo -- constituyen un pésimo estilo de trabajo, que, al extenderse, ha perjudicado a gran número de camaradas. En efecto, actualmente hay en nuestras filas muchos camaradas a los que tal estilo ha desviado del camino justo. Son reacios a realizar una investigación y un estudio sistemáticos y minuciosos de la situación concreta dentro y fuera del país, la provincia, el distrito y el territorio, y dan órdenes basándose exclusivamente en conocimientos pobres y mal asimilados y en aquello de "supongo que es así". ¿No existe
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aún entre muchos de nuestros camaradas este estilo subjetivista de trabajo?
Hay quienes no conocen en absoluto o conocen muy poco la historia de su país, pero no consideran esto una vergüenza, sino por el contrario, un orgullo. Y lo más grave es que muy pocos camaradas conocen realmente la historia de nuestro Partido y la historia de China en los últimos cien años desde la Guerra del Opio. Prácticamente nadie ha estudiado con seriedad la historia económica, política, militar y cultural de China en los últimos cien años. Algunos no tienen la menor idea de lo propio, y sólo saben historias de la Grecia antigua y de otros países, e incluso éstos son conocimientos muy pobres, recogidos al azar de la morralla de viejas obras extranjeras.
Durante los últimos decenios, muchos de los que han estudiado en el extranjero sufren de esta enfermedad. Al regresar de Europa, América o el Japón, sólo saben repetir lo que allí se han tragado entero. Actuando como gramófonos, han olvidado su deber de conocer y crear lo nuevo. Esta enfermedad ha contaminado también al Partido Comunista.
Estudiamos el marxismo, pero el método de estudio empleado por muchos de nosotros va directamente contra el marxismo. En otros términos, esas gentes violan un principio fundamental encarecido por Marx, Engels, Lenin y Stalin: la unidad de la teoría y la práctica. Al infringir este principio, han inventado uno opuesto: la separación de la teoría y la práctica. Tanto en las escuelas como en los cursos para cuadros en funciones, los profesores de filosofía no orientan a sus alumnos hacia el estudio de la lógica de la revolución china; los profesores de economía no los encaminan hacia el estudio de las particularidades de la economía de China; los profesores de ciencias políticas no los guían hacia el estudio de la táctica de la revolución china; los profesores de ciencias militares no los conducen hacia el estudio de la estrategia y la táctica adecuadas a las características de China, y así por el estilo. Como resultado de todo esto, los errores se propagan y causan no poco daño. Hay quienes no saben aplicar en Fusien[1] lo aprendido en Yenán. Cuando un profesor de economía es incapaz de explicar la relación entre el piempi y el fapi [2], es natural que sus alumnos tampoco puedan hacerlo. Esto ha engendrado en muchos estudiantes una mentalidad anormal: en lugar de interesarse por los problemas de China y conceder la debida importancia a las instrucciones del Partido, vuelcan su entusiasmo hacia los
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dogmas pretendidamente eternos e invariables, aprendidos de sus profesores.
Por supuesto, me he referido a los ejemplos más negativos que existen en nuestro Partido, sin que haya querido decir que ésta sea la situación general. Pero tales ejemplos existen realmente; además, son bastante numerosos y acarrean gran perjuicio. No debemos permanecer indiferentes ante ellos.
III
Para explicar aún más lo antes expuesto, quiero comparar dos actitudes opuestas.
La primera es la actitud subjetivista.
Los que tienen esta actitud no realizan un estudio sistemático y minucioso de las circunstancias que les rodean, trabajan movidos solamente por el entusiasmo subjetivo y no tienen más que una idea confusa de la actual fisonomía de China. Ellos rompen el hilo de la historia, sólo conocen la Grecia antigua e ignoran a su propio país, permaneciendo en la oscuridad más completa respecto a la China de ayer y de anteayer. Estudian la teoría marxista-leninista de manera abstracta, sin un objetivo determinado; no la estudian con el propósito de hallar en Marx, Engels, Lenin y Stalin la posición, puntos de vista y métodos para resolver los problemas teóricos y tácticos de la revolución china, sino con el único afán de estudiar la teoría en sí. En lugar de disparar la flecha teniendo un blanco, la disparan sin tenerlo. Marx, Engels, Lenin y Stalin nos enseñan que es necesario partir de la realidad objetiva y deducir de ella las leyes que han de guiar nuestras acciones. Para esto es preciso, como dice Marx, captar con todo detalle el material y someterlo a un análisis y una síntesis científicos[3]. Muchos de los nuestros actúan exactamente al revés. Unos se dedican a la labor de investigación, pero no manifiestan el menor interés por estudiar la China actual, ni la de ayer; todo su interés está concentrado en el estudio de "teorías" vacías, divorciadas de la realidad. Otros se entregan al trabajo práctico, pero tampoco prestan atención al estudio de la situación objetiva, con frecuencia actúan llevados solamente por el entusiasmo y substituyen la política del Partido por su propio parecer. Ambos tipos de personas parten de lo subjetivo y pasan
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por alto la realidad objetiva. Siempre que pronuncian un discurso, salen con una larga sarta de encabezamientos en el orden A, B, C, D, 1, 2, 3, 4, y cuando escriben un artículo, terminan produciendo un mamotreto lleno de cháchara jactanciosa. No les interesa buscar la verdad en los hechos, y lo único que desean es impresionar a la gente con su verborrea presuntuosa para ganársela. Son brillantes pero sin sustancia, frágiles e inconsistentes. Se consideran infalibles, creen ser la primera autoridad bajo el cielo y se pavonean por todas partes como si fueran "enviados imperiales". Tal es el estilo de trabajo de algunos camaradas en nuestras filas. Adoptar este estilo como norma de conducta es hacerse daño a sí mismo, adoptarlo para educar a los demás es causarles daño y adoptarlo para dirigir la revolución es perjudicarla. En resumen, este método subjetivista, anticientífico y contrario al marxismo-leninismo, es un peligroso enemigo del Partido Comunista, de la clase obrera, del pueblo y de la nación; es manifestación de un espíritu de partido impuro. Tenemos ante nosotros un enemigo peligroso, que debemos aplastar. Sólo cuando el subjetivismo sea aniquilado, prevalecerá la verdad del marxismo-leninismo, se fortalecerá el espíritu de partido y triunfará la revolución. Debemos indicar que la falta de una actitud científica, es decir, la falta de la actitud marxista-leninista que une la teoría con la práctica, significa que no existe espíritu de partido o que éste es incompleto.
Hay dos versos que retratan al tipo de personas que he mencionado. Dicen así:
Juncos en la pared: copa abundante, tallo débil, raíz superficial;
Retoños de bambú entre las rocas : lengua afilada , corteza
[gruesa , panza vacía.
Díganme si esto no les recuerda a esa gente que carece de una actitud científica, que sólo sabe aprenderse de memoria citas sueltas de las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin y que se hace pasar por sabia, pero en realidad no sabe nada. A quien de veras quiera curarse de tal enfermedad, yo le aconsejaría copiar estos versos y, si posee un poco más de valor, fijarlos en una de las paredes de su habitación. El marxismo-leninismo es una ciencia, y la ciencia es conocimiento que se adquiere sólo por medios honestos; aquí no valen astucias. ¡Seamos, pues, honestos!
La segunda actitud es la marxista-leninista.
Quien tiene esta actitud aplica la teoría y el método marxista-leninistas a la investigación y estudio sistemáticos y minuciosos de
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las circunstancias que le rodean. En vez de trabajar solamente movido por el entusiasmo, combina, como dice Stalin, el ímpetu revolucionario con el sentido práctico[4]. Quien tiene tal actitud no rompe el hilo de la historia; no se conforma con el conocimiento de la Grecia antigua, sino que aspira a conocer a China; desea saber no sólo la historia del movimiento revolucionario de los países extranjeros, sino también la historia de la revolución china; conocer no sólo la China de hoy, sino también la de ayer y la de anteayer. Quien tiene una actitud así estudia la teoría marxista-leninista persiguiendo un fin determinado: integrarla con el movimiento real de la revolución china y encontrar en el marxismo-leninismo la posición, puntos de vista y métodos para resolver los problemas teóricos y tácticos de la revolución china. Esta es la actitud de disparar la flecha teniendo un blanco. El "blanco" es la revolución china, y la "flecha", el marxismo-leninismo. Nosotros, los comunistas chinos, buscábamos esta "flecha" porque queríamos dar en el "blanco": la revolución de China y la revolución de Oriente. Tomar esta actitud significa buscar la verdad en los hechos. Por "hechos" entendemos todas las cosas que existen objetivamente; por "verdad", la ligazón interna de las cosas objetivas, es decir, las leyes que las rigen, y por "buscar", estudiar. Debemos partir de las condiciones reales de dentro y fuera del país, la provincia, el distrito o el territorio, y deducir de ellas, como guía para nuestra acción, las leyes inherentes a esas condiciones y no leyes imaginarias, es decir, encontrar la ligazón interna de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Y para esto debemos basarnos en los hechos, que existen objetivamente, y no en nuestras ideas subjetivas, ni en un entusiasmo momentáneo, ni en la letra muerta de los libros; debemos captar con todo detalle el material y, a la luz de los principios generales del marxismo-leninismo, extraer de él conclusiones correctas. Estas conclusiones ya no serán una enumeración de fenómenos según el orden A, B, C, D, ni artículos llenos de la misma cháchara jactanciosa, sino conclusiones científicas. Tal actitud significa tener el deseo de buscar la verdad en los hechos, y no tratar de impresionar a la gente con una verborrea presuntuosa para ganársela. Tal actitud es una manifestación del espíritu de partido, es el estilo de trabajo marxista-leninista que une la teoría con la práctica. Tener esta actitud es lo mínimo que se exige al comunista. Quienes poseen una actitud como ésta ya no serán de "copa abundante, tallo débil, raíz superficial", ni de "lengua afilada, corteza gruesa, panza vacía".
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IV
De acuerdo con lo antes expuesto, propongo lo siguiente:
1. Plantear a todo el Partido la tarea de estudiar de modo sistemático y minucioso las circunstancias que nos rodean. Ateniéndonos a la teoría y el método marxista-leninistas, investigar y estudiar detalladamente las actividades de nuestros enemigos, de los amigos y de nosotros mismos en los terrenos económico, financiero, político, militar, cultural y en la esfera de los asuntos de partido, y sobre esta base, sacar las debidas y necesarias conclusiones. Con este fin, es preciso dirigir la atención de nuestros camaradas a la investigación y el estudio de estos asuntos prácticos. Hacerles comprender que la tarea fundamental de los organismos dirigentes del Partido Comunista consiste en dos cosas importantes: conocer la situación y saber aplicar las orientaciones políticas. Lo primero significa conocer el mundo, y lo segundo, transformarlo. Es menester que los camaradas comprendan que quien no ha investigado no tiene derecho a opinar, y que la cháchara jactanciosa, los disparates y la enumeración de fenómenos en el orden 1, 2, 3, 4 no sirven para nada. Tomemos, por ejemplo, el trabajo de propaganda. Si no sabemos cómo hacen la propaganda nuestros enemigos y nuestros amigos, ni cómo la hacemos nosotros, no podremos determinar de manera acertada nuestra política en este terreno. En el trabajo de cualquier sector es preciso, ante todo, conocer la situación, y sólo entonces puede encontrarse una solución justa. La aplicación de planes de investigación y estudio en todo el Partido es el eslabón fundamental para transformar su estilo de trabajo.
2. Reunir personas competentes para que estudien en equipo y con una adecuada división del trabajo la historia de China en los últimos cien años, y de esta manera, superar la falta de organización en este terreno. Comenzar por el estudio analítico de la historia económica, política, militar y cultural de China. Sólo después de esto, será posible pasar al estudio de síntesis.
3. Establecer, para la educación de los cuadros en funciones y para las escuelas de cuadros, la orientación de tomar como centro el estudio de los problemas prácticos de la revolución china y corno guía los principios fundamentales del marxismo-leninismo, y descartar el método de estudiar el marxismo-leninismo en forma estática y sin conexión con la vida. Adoptar el Compendio de Historia del Partido
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Comunista (bolchevique) de la URSS como material principal para el estudio del marxismo-leninismo. Esta obra es la más alta síntesis y balance del movimiento comunista mundial de los últimos cien años, es un modelo de integración de la teoría con la práctica, hasta hoy el único acabado en todo el mundo. Viendo cómo Lenin y Stalin combinaron la verdad universal del marxismo con la práctica concreta de la revolución en la Unión Soviética y cómo sobre esta base desarrollaron el marxismo, sabremos cómo debemos trabajar en China.
Muchas veces nos hemos desviado del camino justo. Pero, los errores son con frecuencia precursores de lo correcto. Estoy seguro de que en las actuales circunstancias de la revolución china y de la revolución mundial, tan vivas y ricas, esta reforma de nuestro estudio dará sin duda buenos resultados.
NOTAS
[1] Distrito situado a unos setenta kilómetros al Sur de Yenán.
[2] Piempi, billetes emitidos por el Banco del Gobierno de la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia. Fapi, papel moneda puesto en circulación a partir de 1935 por los cuatro principales bancos del capital burocrático del Kuomintang, con el apoyo de los imperialistas anglo-norteamericanos. El camarada Mao Tse-tung se refiere aquí al problema surgido en ese entonces sobre la fluctuación del cambio entre el piempi y el fapi.
[3] Véase C. Marx, "Palabras finales a la segunda edición alemana del primer tomo de El Capital ". Allí Marx escribe:
"La investigación debe captar con todo detalle el material, analizar sus diversas formas de desarrollo y descubrir la ligazón interna de éstas. Sólo una vez cumplida esta tarea, se puede exponer adecuadamente el movimiento real."
[4] Véase J. V. Stalin, "Los fundamentos del leninismo", IX: "El estilo en el trabajo".
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